martes, 7 de diciembre de 2010

La voz de la experiencia



Jorge Cura Amar es chileno de nacimiento, colombiano por adopción y palestino de corazón. Ha logrado hacer una prominente carrera en el periodismo y se siente un afortunado por poder ejercer el oficio que lo apasiona desde niño. Vive en Barranquilla, pero afirma que carece de la alegría de los costeños. Tiene dos hijas que no han logrado sentir la sangre árabe, como él. Ha realizado innumerables viajes al Medio Oriente y afirma que aunque ponga en riesgo su vida, no dejará de viajar allí. La Emisora Atlántico es su trinchera, desde la que aboga por lo que cree que es correcto. Cree firmemente en la causa palestina y es un fuerte crítico de Israel y del gobierno estadounidense. Él siente que la oportunidad de conocer la tierra de sus antepasados y vivir de primera mano el conflicto le ha otorgado la experiencia que lo ha llevado a consolidarse como uno de los grandes periodistas de la región Caribe.

Shadya Karawi Name: ¿Quién es Jorge Cura?

Jorge Cura: Soy una persona común y corriente, enamorada intensamente de su trabajo. Nací en chile y a los 18 años me vine a Colombia. Me casé y tengo dos hijas. Siempre quise ser periodista, y empecé en el oficio a los ocho años. Mi satisfacción más grande es que en mi vida he hecho lo que he querido hacer. Soy un agradecido con Dios por todas las cosas que me ha dado.

SKN: ¿Cómo empezó en el periodismo a los ocho años?

JC: Cuando yo estaba en el colegio, había un periódico chileno que publicaba una separata llamada Icarito. Era una revista que salía los miércoles y era para niños. En una ocasión, a los señores del periódico se les ocurrió buscar reporteros en todo Chile. Uno debía mandar un artículo sobre el tema que quisiera y ellos seleccionaban los publicables. Uno de los días más felices de mi vida fue cuando abrí el periódico y salió mi artículo. Así quedé como corresponsal de Icarito para San Felipe. El artículo lo pusieron en la cartelera del colegio y yo me creía lo máximo. Yo escribía versos, poesías, pero cuando pusieron ese artículo ahí se me llenó el corazón.

SKN: ¿Cómo se dio su llegada a Colombia?

JC: Mis tíos llegaron primero en el año 73 por el golpe militar en Chile. Cuando yo tenía 17 años me preguntaron que si quería venir a Colombia. En ese entonces yo tenía mi prueba de actitud académica, que me permitía estudiar educación física, otra de mis pasiones. Mi tío habló en la Universidad Autónoma del Caribe y ahí estudié.

SKN: ¿Y sus inicios en el periodismo en Barranquilla?

JC: Mi primer contacto fue con Jaime Jiménez, un periodista muy conocido en Barranquilla. Él tenía una emisora que se llamaba Onda Nueva y ahí comencé a hacer prácticas. Trabajaba desde que salía del colegio hasta la noche y los fines de semana. Con él aprendí mucho porque es un tipo muy audaz, y tiene un excelente manejo del micrófono. Yo tenía un programa de tres horas en la tarde y un resumen de noticias por la noche. Después de esa gran escuela entré a un noticiero de televisión. Ahí hice unas pruebas y el primer fin de semana que empecé me pasaron tres informes. Luego seguí con 24 horas, que fue uno de los grandes noticieros de la televisión colombiana, en donde trabajé con Mauricio Gómez, Jorge Ortiz, María Isabel Rueda. Después, en la radio tuve mi propio noticiero radial en Universal. Ahí empecé como director, para terminar en Olímpica, donde llevo más de 24 años.

SKN: Cuénteme sobre sus ancestros árabes.

JC: Mis abuelos son de Betyala, Palestina. Mi abuelo Nicolás llegó en 1915 al puerto de Valparaíso y allí conoció a mi abuelita. Eran primos hermanos. Al llegar, mi abuelo no sabía hablar español y cuando le preguntaban por su apellido lo único que decía es que iba a vivir a la casa del cura. Entonces, el del registro lo puso como Cura, pero nuestro apellido es Masu Amar. Para mí, esa gente que llegó eran héroes. Llegar aquí, venirse de esas tierras tan lejanas para ver qué encontraban, sin poder hablar el idioma. Ellos salieron adelante. El abuelo fue comerciante, como casi todos esos árabes.

SKN: ¿Qué vendía?

JC: Telas, comestibles. Se volvió un negocio muy próspero. Luego vino la segunda generación con mis tíos, uno de los cuales era muy bueno para los negocios. Tenían un emporio, una fábrica de licores que todavía funciona en Chile. Yo me vine porque no quería ser comerciante ni andar vendiendo cosas. Tuve problemas con mi tío, que era como mi papá. Yo estaba trabajando con él y nunca aceptó que me viniera, tanto así que en una comida familiar dijo: “Déjenlo que se vaya; en un mes está de regreso”. Pasé muchas necesidades, pero me acordaba de eso y me decía a mí mismo que no podía regresar. Adopté a Colombia como mi patria.

SKN: ¿Por qué decidieron sus abuelos radicarse en Chile?

JC: El barco llegó a Valparaíso con muchos otros árabes, sobre todo palestinos. Es tan importante la colonia palestina en Chile que hay un equipo de fútbol llamado Palestino, que está en primera división. También está el Club Palestino de Santiago y yo me acuerdo que todos los veranos íbamos a las olimpiadas de la colonia. Ahí llegaban a jugar palestinos de Antofagasta, de Arica, de Punta Arena. Recuerdo que participé en un torneo de ping pong y quedé de tercero. Era una cosa muy bonita porque era un reencuentro de toda la familia palestina que estaba regada a lo largo de Chile.

SKN: ¿De qué forma les transmitieron la cultura y las costumbres árabes?

JC: Aunque nos transmitieron muchas cosas, se les quedó lo más importante que es el idioma. Yo tengo la teoría de que el mundo árabe debió haber sido mucho más grande de lo que es hoy en día, pero le faltó lo mismo que le faltó a mis abuelos. Los árabes estuvieron 600 años en España, pero nunca obligaron a los españoles a manejar su idioma. Los españoles, en cambio, vinieron a América Latina y lo primero que le impusieron a los indios fue el idioma; igual los ingleses, cuando llegaron a Estados Unidos; los portugueses a Brasil. Si los árabes hubieran impuesto su idioma en aquella época, cuando dominaron toda Europa, la geopolítica hoy sería muy diferente.

SKN: Cuenta que sus abuelos jamás les enseñaron el idioma. ¿Se ha interesado por aprenderlo?

JC: Muy poco. Yo he sido malo pa’ los idiomas. Me he costado el inglés. He sido el gran responsable de mi propio fracaso, lo admito.

SKN: ¿Qué tiene de colombiano y qué de árabe?

JC: De colombiano tengo muy poco porque me falta la alegría de los colombianos. Soy muy reservado, muy seco, muy rígido. El colombiano es descomplicado. Soy muy organizado, me gusta que las cosas se hagan a la hora que son. En cambio tengo mucho de árabe. El árabe es un hombre muy trabajador, lo que se propone lo busca y lo consigue a pesar de las dificultades. Creo que de chileno sí tengo más, porque el chileno es como apagado, serio y trabajador. No digo que los colombianos no sean trabajadores, pero tienen una manera especial de combinar la alegría con el trabajo. Yo no he podido tener esa compenetración con la música, con el aspecto cultural, con el carnaval. A todas esas cosas les huyo un poquito.

SKN: Usted ha realizado muchos viajes por el Medio Oriente. ¿Cómo se despertó esa inquietud por el mundo árabe?

JC: Yo he ido porque tengo la llama aquí dentro. Mi primer sueño era conocer el mundo árabe. Al primer país árabe que viajé fue al Líbano, en 1991, cuando estaba terminando la guerra. Recuerdo que cuando estuve allá todavía sonaban unos cuantos disparos en la zona verde. Todo estaba destruido. Lo que hoy es el Solidere eran escombros. Recuerdo que al Holiday Inn, en el centro de Beirut, le metieron una bomba desde el techo: uno se metía a los escombros y miraba hacia arriba y podía ver el cielo. Vi cosas impresionantes en el Líbano. Estando allá yo me sentía identificado con el aire, con el ambiente y cuando me fui prometí volver. De hecho, he regresado ocho veces.

Mi segundo viaje fue a Palestina y mi deseo fue conocer Betyala. Allá entrevisté a Arafat y yo le decía que teníamos algún parentesco porque Arafat es su nombre de guerra, su verdadero nombre era Abu Amar. Terminamos mamándonos gallo: Yo soy primo tuyo, somos parientes lejanos, tenemos la misma sangre”. Después fui a Irak, cuando estaba vivo Saddam Hussein. Mi último viaje fue a Afganistán. Estuve en la Revolución Verde de Kadafi. Recorrí todos los países del norte de África: Marruecos, Túnez, Libia, Egipto, Golfo Pérsico. Estuve en Dubai, en Qatar. También fui a Siria, que me encantó. Además de Palestina, yo creo que donde me siento más identificado es en Siria porque ahí las costumbres del mundo árabe están vivas. Tú vas a algunos sitios del Líbano y la cultura árabe parece que no existiera. Te sientes en Miami por la música, la vestimenta y los lugares.

A pesar de todos los problemas del mundo árabe, yo lo defiendo. Escribí un artículo en la revista Semana que me ganó la enemistad de todos los judíos de Colombia. Me citaron en el Club Hebreo y fui con mucho gusto porque yo le doy la cara al que sea. Estaban un rabino, el señor Jaime Eismand y dos tipos más. Me dijeron: “Mira Jorge, nosotros no queremos que tú traigas la guerra a Colombia”. Yo les dije que yo no había traído la guerra a Colombia, sino la verdad. Les dije: “Quisiera saber una sola cosa para seguir hablando porque aquí no nos vamos a poner a pelear: ¿alguno de ustedes ha estado en los territorios palestinos?” Todos dijeron que no. Les dije que no teníamos nada de qué hablar. Yo conozco donde están ustedes y conozco como tienen a los palestinos como unos animales, metidos en unos ghetos de la misma forma como Hitler tenía a los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Yo les sugiero que vayan y vean cómo está el pueblo palestino que era dueño de la tierra y ahora no tiene nada. Viven como animales en corrales. Entérense bien, vayan allá y después hablamos otra vez. Ustedes no tienen la autoridad para hablar conmigo”. Mira, yo sí conozco como está Israel; es un paraíso apoyado por los americanos. Un judío vive perfecto. Ahora un palestino se inmola en una calle de Israel y CNN y el resto del mundo arma un rollo. El ejército israelí va a Palestina y mata a 15 o a 20 y sale una nota breve en un noticiero de televisión. Eso no es justo y por eso lo denuncio en la emisora, por eso me quieren tanto.

SKN: ¿Qué siente al ver la tierra de sus antepasados en esa situación?

JC: Me produce una tristeza muy grande. Estuve en los campamentos de los palestinos en Shabra y Shatila en 1991, donde hubo la masacre en el Líbano en 1982. Eso es terrible. Cuando fui no había hombres porque los habían matado a todos: los sacaban de sus casas y les metían tiros en la cabeza delante de sus hijos y de sus mujeres. A mí no me pueden echar cuentos. Yo he visto, yo he conocido, yo he vivido. En un viaje que hice a Israel me entrevisté con una fundación de mujeres judías que van a los Checkpoint, donde están los controles y se da la mayor violación de los derechos humanos. Ellas van a esos controles para garantizar que no maltraten y humillen a los palestinos porque cuando están ahí los soldados los dejan pasar sin problemas. Las odian en Israel porque dicen que son pro árabes. Ellas dicen: Ellos son humanos como nosotros. No queremos que la tragedia de los nazis se vuelva a repetir, nosotros no podemos lastimar a las personas, y ustedes lastiman a la gente”. Son unas mujeres valientes, porque los judíos las atacan, les niegan el empleo a sus hijos. Yo hablé con cuatro de esas mujeres, y me reuní con ellas escondido; cambié de carro como dos veces para poder llegar donde estaban ellas porque me estaban siguiendo. Después de entrevistar a Arafat, me pusieron unos perros para que me siguieran todo el tiempo, entonces salir de Israel fue una locura. Cuando entré me armaron todos los rollos que tú quieras, y cuando salí tuve que llevar las cintas al Ministerio del Interior para que las revisaran y sellaran. Afortunadamente, no vieron la entrevista de Arafat. Ellos revisaron dos casetes y después los sellaron, entonces en el aeropuerto no los podían abrir.

SKN: ¿Qué hubiera pasado si ellos hubieran visto ese material?

JC: Lo retienen.

SKN: Una forma de censura.

JC: Sí, en Israel la censura es total. Tú no puedes transmitir nada que no tenga que ver con lo que ellos están haciendo. Cualquier periodista que no sea americano tiene problemas. A los periodistas europeos les hacen la guerra, no les consiguen las citas, les dañan las cosas, les roban el material, se les meten al hotel. Hacen barbaridades.

SKN: En Occidente son principalmente los medios de comunicación y muchos periodistas lo que se han encargado de satanizar al mundo árabe y al Islam.

JC: Yo creo que eso ha ido cambiando poco a poco porque la gente tiene más información. Obviamente, el Islam estaba satanizado desde septiembre de 2001, cuando tumbaron las torres gemelas de Nueva York. Se dio una persecución terrible, como los casos de gente inocente que sin tener nada que ver con Al Qaeda está encerrada en Guantánamo. Ahí se violaron todos los derechos humanos, pero yo creo que la gente ha entendido el problema palestino. Los israelíes han perdido mucho en el campo de la información; ese atentado que cometieron en Gaza el año pasado fue brutal. La Corte Penal Internacional está llamando a todos los generales judíos para condenarlos. Además del señor Sharom, que mató a los palestinos en Shabra y Shatila, ahora están Benjamín Netanyahu y Ehud Barack que es un criminal de los más perversos. Los van a llamar a indagar y tienen que ser condenados como criminales de guerra, aunque nunca van a salir de su país, pero al menos llevarán el rótulo de criminales.

Yo lo digo siempre en la emisora y me importa un carajo que me quiten la visa: George Bush es un criminal de guerra y lo he dicho miles de veces. Lo de Irak no tiene nombre. Yo no defiendo a Saddam Hussein, pero te aseguro que si no se hubiera cometido la invasión, Saddam hubiera salido por alguna otra causa y el pueblo iraquí hubiera resuelto su problema. Nadie puede ir a meterse en los asuntos internos de un país y está demostrado hasta la saciedad que Irak no tenía absolutamente nada que ver con los atentados de Estados Unidos ni con armas químicas. Todo se lo inventaron; y ahora están haciendo lo mismo con Irán.

SKN: ¿Qué de la cultura árabe se mantiene en su casa?

JC: En mi casa la comida árabe es fundamental. También tengo muchos objetos árabes. Enrique Yidi me hizo una pieza artesanal en nácar muy bonita. Todo lo que está en el baño social lo traje de Marruecos, desde el lavamanos. En la sala tengo una lámpara árabe preciosa, que también compré en Marruecos y alfombras de Egipto. Tengo fotos de Arafat y de todos los recorridos que he hecho.

SKN: ¿Ha logrado transmitirles a sus hijas el amor por lo árabe?

JC: A mí me ha ido muy mal. Incluso tengo una gran decepción porque mi hija mayor es gringa total: estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Ohio y es republicana. Yo respeto su posición, pero me da muy duro porque ella apoya a Bush; se va a la Casa Blanca con pancartas a echarle vainas a Obama; ahora se va a Londres a una convención del Partido Republicano. La chiquita es distinta y quiere ir a los países árabes. Estudia música en la Javeriana, y le encanta escuchar la música árabe que le traigo.

SKN: ¿Cuál sería el lado positivo de ser un colombo-árabe?

JC: Sin duda, la forma de ser. A mí lo que más me gusta es la hospitalidad. Tú llegas al mundo árabe y todo es amor, cariño, fraternidad. El núcleo familiar se mantiene muy fuerte, mientras que en Occidente, la familia se pierde cada día más. En los países árabes tiene una relevancia más grande y arraigos culturales fuertes. Un papa árabe siempre quiere estar con su hijo, amarlo. Eso del cariño del amor filial no se ve en Occidente y para mi es algo que me llega mucho. Al mundo árabe lo han tratado de satanizar por la violencia y no hay gente más pacífica en el mundo. Ojalá muchos occidentales pudieran visitar un pueblo del mundo árabe y meterse en sus calles. Llegas, te atienden bien y preguntan por ti y tu familia. En un pueblo de Estados Unidos, en cambio, nadie te quiere ver, nadie te saluda, nadie te da la mano, todos son muy personalistas, no hay la integración, el cariño.

SKN: Es muy crítico con los americanos...

JC: No con los americanos, pero sus gobernantes han sido un desastre. Yo no creo que Israel sea un satélite de Estados Unidos, creo más bien que Estados Unidos es un satélite de Israel, y todo por los intereses económicos. Los grandes capitales de Estados Unidos son judíos: la banca, las joyas. Debido a esa relación de poder, el gobierno estadounidense no ve con ojos objetivos el problema palestino. Palestina debería existir como existe el estado judío.

SKN: ¿Qué sería entonces lo negativo de ser un colombo-árabe?

JC: Yo no le veo nada de negativo. Me siento feliz y orgulloso de serlo.

SKN: ¿Qué le falta por contar?

JC: Muchas cosas porque creo que todavía estoy muy joven y puedo viajar mucho más. Quiero conocer Irán, Arabia Saudita. Tuve la fortuna de conocer a Afganistán porque he sido el único periodista latino que ha ido a cubrir el conflicto.

SKN: ¿Cómo logró ser el único periodista latino en trabajar en Afganistán?

JC: Fregando, fregando, fregando, hasta que le saqué la piedra a un tipo allá en Washington y me dio la visa. Además, tenía un amigo colombiano que estaba trabajando en las Naciones Unidas allá, quien me sirvió de contacto y se responsabilizó por mi seguridad. Fueron seis meses de ‘camello’.

SKN: ¿Cuál es el legado que deja Jorge Cura como colombo-árabe?

JC: Yo estoy luchando desde mi trinchera por esto. Es una trinchera chiquitica que se hace sentir en una pequeña parte de este planeta, pero aprovecho el poco espacio que tengo. Creo que ese es mi acto de fe, de responsabilidad con mi gente y mis antepasados.

4 comentarios:

Paola dijo...

..excelente, me ha encantado la entrevista..soy una gran admiradora y amiga de Jorge y me es muy grato leer cosas tan certeras e interesantes como esta, ya que me encuentro lejos de mi tierra..abrazos!!

Shadya Karawi Name dijo...

Muchísimas gracias, Paola. Me alegra que la entrevista te haya gustado y que haya permitido que te sientas un poquito más cerca en la distancia. Un abrazo.

Jonnybars dijo...

Excelente! Buena persona y un gran periodista y creo q esta en el mejor momento de su carrera. Sabe aprovechar sus influencias y conocimiento en pro de la comunidad!

freddy Gutiérrez dijo...

la verdad es que trato siempre de buscar a personas como Jorge y estar siempre en busca de sus anécdotas y crónicas como las publicadas hace poco en Zonacero.Info (hijos del agente naranja) y otras más.
es mi objetivo a seguir.