martes, 23 de noviembre de 2010

Sueños de nácar


Enrique Alberto Yidi Daccarett lleva en la sangre el amor por lo árabe. Nacido en Colombia el 24 de febrero de 1960, se siente palestino. Desde pequeño lo cautivó la música de sus ancestros que escuchaba con su abuelo materno. Tiene tres hijas, a quienes les ha transmitido la pasión por Oriente. Creó el Taller Palestina, que está ubicado en la vía 40, adentro de su empresa de venta de mármol, Euromármol. Es un espacio pequeño en donde los trabajadores utilizan máquinas especializadas y el nácar como el elemento principal para realizar sus obras.

Es un ingeniero y administrador de empresas que se ha preocupado por no perder las tradiciones de sus abuelos y fomentar espacios en donde la cultura sea valorada. Sueña con construir algún día el Museo del Nácar, en Belén (Palestina), y pasar a la historia como uno de los colombo-árabes que dejaron huella en sus dos patrias amadas.

Shadya Karawi Name: ¿Cuándo y cómo llegó su familia a Colombia?

Enrique Yidi: Bueno, mi familia emigró en 1911 de Palestina, ciudad de Belén. La salida de mi familia paterna, los Yidi, se debió al reclutamiento por parte de los otomanos de los jóvenes mayores de 15 o 16 años para que prestaran servicio militar en Turquía. Mi abuelo se vino de 15 años porque ya había sido seleccionado para el ejército. Él se embarcó en el puerto de Yafa y vino rumbo a Suramérica, exactamente a Colombia, porque un tío de él había llegado unos años antes y era su único contacto. En Puerto Colombia se reunió con el tío, quien lo acogió y montaron negocios juntos. Así fue como se radicó la familia Yidi en Colombia.

SKN: ¿A qué se dedicaron esos primeros Yidi?

EY: Cuando mi abuelo llegó, trabajó con el tío en ventas ambulantes e iban a Ciénaga, Fundación, Barranquilla y luego abrieron un almacén en Barranquilla, de artículos importados y nacionales. Con el tiempo se independizó y abrió una perfumería, luego un almacén de importaciones, ferreterías, encajes y más adelante formó una empresa, Industrias Yidi, pionera en Suramérica en la fabricación de cremalleras.

SKN: Cuénteme de la vida de ese abuelo…

EY: Se llamaba Emilio Yidi o Yamil Yidi. Aquí en Barranquilla, accidentalmente, conoció a Sabat Slebi, que venía prometida a un palestino radicado en Chile con el que sus familias habían hecho el acuerdo para casarse. Los Slebi hicieron escala en Puerto Colombia para visitar a unos parientes y se la presentaron a mi abuelo. Se casaron tan pronto deshicieron el otro compromiso. Tuvieron nueve hijos aquí en Barranquilla y los miembros de esa generación viajaron pocas veces a Palestina para vender las propiedades y, prácticamente, se perdió el contacto entre el mundo árabe o palestino con Colombia. De los nueve hijos, ninguno se interesó por conservar la cultura o el idioma. Se mantuvieron las costumbres básicas de esa migración, la comida, los festejos familiares, pero no hubo ningún otro aporte de este núcleo al desarrollo cultural, fuera de pertenecer a los clubes o fundaciones. Luego vino la segunda generación a la cual pertenezco, que tuvo 47 descendientes. Vuelve y se repite la historia: sólo yo me interesé en la cultura árabe. De resto, pareciera que Barranquilla no fue propicia para que germinara gente interesada en la cultura.

SKN: ¿A qué cree que se debe eso?

EY: Pienso que es más que todo cierto temor a ser discriminados. Muchos se cambiaron los nombres y los apellidos. Vivían como en ghettos, digamos, todos en la misma cuadra. Por eso fundaron los clubes. Había ciertos documentos, misivas, y artículos en los principales periódicos, que hablaban de esta migración y decían que iba a contaminar la sangre, iba a contaminar la “raza colombiana” y que iba a hacer un daño igual que los asiáticos, que los turcos, que los árabes (porque en algunos autores sí sabían la diferencia entre turcos y árabes). Todo eso ayudó a que se cerrara la comunidad.

SKN: Entre 46 primos indiferentes, ¿cómo nació esa inquietud por lo árabe?

EY: Bueno, mi abuelo de parte materna, que se llamaba Joussef o José Daccarett era una persona muy patriótica, un paisano arraigado a sus raíces. Él escuchaba todo el día una emisora en árabe; me acuerdo de un radio grandísimo con una antena poderosa para escuchar las noticias. Sólo oía música árabe, en los carnavales se disfrazaba de árabe y ayudó a fundar el club árabe. A mí me gustaba escucharle las historias sobre su vida, sobre lo que hacía en Palestina. Fue el lado materno el que me despertó el amor hacia la cultura árabe. Empecé a visitar los países árabes a los 16 años. De ahí comenzó mi interés por la causa palestina. En Estados Unidos, donde hice mis estudios universitarios, tenía un grupo pro Palestina.

Al llegar a Colombia de Estados Unidos, a los 21 años empecé a trabajar con Patricia Abuchaibe. Era su mano derecha para organizar todas las actividades árabes. Hicimos un centro cultural y abrimos una oficina dedicada a la causa palestina, que duró unos cinco o seis años. Hacíamos muchas actividades, pero como todo aquí, la gente empieza con unas ganas y se queda a medio camino. Además, siempre nos asociaban a un movimiento político y eso terminaba por acabar toda iniciativa de agrupar a los árabes. Tal es el caso del Club Alhambra, que fue el primer club de los árabes; precisamente se acabó por una pelea de abuelo materno, en ese entonces era el Cónsul de la República Árabe Unida, quien en un discurso provocó a la comunidad libanesa. Una pelea tremenda porque propuso la República Árabe Unida. Posteriormente, nacieron muchas otras asociaciones en Barranquilla: la Casa del Líbano, la Casa Cultural Libanesa, pero nada perduró. El único legado que dejaron aquí los árabes son unas pocas obras en la ciudad de Barranquilla: que la estatua, que el escudo, las donaciones que hizo Muvdi. Fuera de eso, el aporte árabe se dio más en lo económico, en lo político, en ámbitos diferentes al cultural.

Hay que reconocer que los primeros inmigrantes árabes no eran muy cultos, no habían gozado de libertad de expresión y no se habían desarrollado en el mundo cultural. Era un árabe que llegaba preparado para enfrentar la vida con todos los riesgos; su familia era el núcleo y la cultura nunca fue para él algo importante.

SKN: Bueno, después de hablar en general de los árabes, ¿Qué tanto tiene usted de árabe y qué tanto de colombiano?

EY: Soy colombiano quiero este país pero mi corazón está allá en el mundo árabe. La cultura árabe me fascina. Siempre he vivido en torno de ella y por eso me he embarcado en varios proyectos para dejar un legado cultural. No a Colombia, porque aquí las culturas foráneas no tienen el interés. Mi trabajo siempre ha estado enfocado a aportarle sobre todo a Palestina porque ha sido un país que se perdió totalmente: su cultura fue borrada, sus museos fueron aniquilados; todo ha sido usurpado y destruido. He notado que en el transcurso de mi vida varias fundaciones de sionistas han hecho mucho en pro de destruir el legado palestino cultural. La política que tiene Israel actualmente es de hacer Palestina un solo país, al tipo de Suráfrica, con segregaciones y campos repartidos y controlados.

Mi primer proyecto es crear el Museo de Nácar en Belén, y en ello vengo trabajando los últimos quince años. Hoy poseo una colección de más de tres mil piezas antiguas. Hace tres meses viajé para proponerle el proyecto a cinco instituciones, una de las cuales se interesó. Tengo una publicación de la Colección Yidi de Madreperla y la llevé Palestina para ofrecerla. En la parte editorial, tengo un libro publicado y tres en prensa. Los borradores de estos libros se los llevó Karen David a Jordania donde se buscará un editor.

SKN: ¿Qué es el Taller Palestina?

EY: Es un taller que hace doce años fundé a raíz de que no se encontraban en el mercado piezas de origen palestino. Me había propuesto crear un museo y al ver que no había piezas y las que había en el mercado eran muy costosas, fundé el taller para rescatar las tradiciones palestinas de la talla del nácar que desaparecieron. Empecé a reproducir las distintas piezas de los diferentes museos del mundo para que la gente pudiera conocer las piezas que se produjeron en los talleres palestinos.

SKN: ¿Qué simboliza el nácar?

EY: El nácar simboliza a los palestinos. Fue el medio principal de supervivencia para la ciudad de Belén desde el siglo XVII. Durante la ocupación otomana no se permitía tener tierras, se cultivaba muy poco: la única entrada económica de la gente de Belén era el turismo religioso, por ser considerado el lugar donde nació Jesús. Allá los palestinos empezaron a vender objetos de culto católico y ortodoxo a los peregrinos como forma de manutención. Durante cuatro siglos pudieron sobrevivir con este arte que fueron refinando hasta volverlo apetecido por reyes, emperadores y personajes importantes de todo el mundo. Así está documentado en el libro El Arte de Tallar en Nácar en Palestina. Decían que en esa época el 40% de la población de Belén vivía del nácar. Fabricaban miles de rosarios, por ejemplo, que iban camino a Francia, Alemania.

SKN: ¿Qué se han hecho esas obras de arte?, ¿quién las tiene?

EY: Yo tengo dos piezas que hechas en el Taller Palestina. El taller produce réplicas, hace reproducciones de las piezas que están en museos donde no se pueden fotografiar ni se pueden ver porque las tienen guardadas en bodega. Hace tres meses, fui a hacer un avalúo de las piezas de origen palestino del Vaticano. Ellos las tenían guardadas en bodegas subterráneas y nunca han salido a la luz pública. Yo documenté esa colección y estoy reproduciendo las piezas más importantes. Pero son piezas que no están en venta, las estoy haciendo para el proyecto del museo. Luego me invitó el Rey de España al Palacio Real en Madrid y conocí la colección de Tierra Santa, que perteneció a Alfonso XII y a Alfonso XIII, del padre del Rey Juan Carlos, con piezas de los últimos tres siglos. Es una colección de unos 170 objetos que no están a la luz pública. Me permitieron fotografiarla, la evalué y estoy reproduciendo las piezas más importantes. Lo mismo hice en Italia, en Assisi, en La Verna, en Rimini, en los monasterios. Hoy tengo 140 reproducciones de algunas de las más significativas. Voy a empezar un crucifijo de 3,20 metros de altura, único en el mundo, que se encuentra en la isla italiana de Capraia, y fue traído de Palestina en el siglo XVII. Por otro lado, tengo encargos para muchas obras que han ido a presidentes, a ministros, personajes reconocidos. Estas sí se elaboran y se venden. Esa venta financia en parte la compra de lo que compro en anticuarios o a coleccionistas privados. Hoy tengo unos 3000 y pico de objetos de nácar antiguos, además de las fotografías para hacer la Colección Yidi en Madreperla, base para el futuro museo en Palestina.

SKN: Actualmente hay dos esculturas en nácar en la Gobernación del Atlántico.

EY: Sí. Una fue la que trajo aquí en 1923 uno de los grandes maestros de la talla del nácar en Palestina, y la otra fue hecha en mi taller, en conmemoración del centenario del departamento. También he tallado obras que están en la colección del rey de España, en el Vaticano, en el Museo de la Madre Perla en Australia, en Rimini, en Venezuela. Actualmente, estoy haciendo una pieza para el Presidente Lula da Silva, que debo terminar en tres meses.

SKN: ¿Cómo combina la cultura árabe y la colombiana?

EY: Es algo interesante porque las personas que están trabajando conmigo desde hace doce años son todas colombianas. Es algo que ha sorprendido porque es el único taller del mundo que está haciendo este trabajo. Inclusive ahora que estuve en Palestina llevé un trabajo para el Patriarca Latino de Jerusalén. La cita era cuatro días después de mi llegada y tuvimos la oportunidad de que exhibieran la pieza antes de entregarla en Belén; y la gente no podía creer que esto lo habían hecho colombianos con antiguas técnicas que desaparecieron 200 años. Lo que más les impactó fue que un país tercermundista casi desconocido, tenga hoy en día el laboratorio más importante que ha preservado todas estas técnicas para poderlas trasplantar a Palestina cuando sea libre y soberana.

SKN: ¿Cree usted que Palestina algún día va a llegar a ser libre?

EY: Tengo mis dudas. Tal vez en vida no lo vaya a ver, pero llegará el momento en que se dará porque es un problema que lleva 60 años y la idea de los judíos es prolongarlo otros 20 o 30 años más. Para ese momento, un 25% de Palestina estará más colonizada y ya no se podrá desplazar más de un millón de personas. Los asentamientos lo están haciendo de una manera en que no pueda haber conexión entre toda la tierra palestina. O sea, a Israel le interesa seguir con el proceso de paz fallido, pero dando pocas esperanzas; veo con escepticismo un acuerdo. Para Israel, ya es la tercera generación que nace en Israel y para los palestinos, es la tercera generación que nace fuera de Palestina. Pienso que en los siguientes veinte años no habrá un estado palestino soberano.

SKN: Usted se interesó también mucho en la arquitectura árabe.

EY: Hace tiempo quise introducir la arquitectura árabe aquí en Barranquilla y comencé a hacer obras con un cierto toque árabe, como el Hotel Majestic, el Club Campestre, el Consulado de Siria, el Centro Comercial de la setenta y algunos apartamentos del norte de barranquilla. El interés era difundir la arquitectura árabe para demostrar que por aquí pasaron los árabes. Es una forma de dejar vestigios, porque la única presencia árabe que hay en esta ciudad son los restaurantes, y el Club Campestre, que estaba a punto de desaparecer y ahora está en remodelación. Aquí ha faltado también filantropía, personas desprendidas que hagan donaciones. Hay personas de la comunidad árabe con muchísimo dinero, pero no han aportado nada a la comunidad: no han hecho una escuela, un centro cultural ni han promovido la cultura árabe. En otros países, como en Chile o en Brasil, las comunidades donan para hacer un museo, un centro cultural, para intercambio de estudiantes, para publicaciones de libros. Muchas personas de la comunidad han querido publicar, pero no han tenido apoyo.

Hace seis años empecé una expedición por las costas de Colombia para hacer un inventario de los caracoles de profundidad en el mar Caribe colombiano. Ya el libro está terminado, lo mandé a Italia porque allí hay un montón de editores interesados, que no encontré en Colombia. Esto es un aporte científico porque son más de 100 caracoles nuevos que he descubierto para Colombia y para el mundo, de los 1.600 clasificados en el país. Cuando comenzó el colegio Colombo Árabe me acuerdo de que la ilusión era que la misma comunidad matriculara a sus hijos porque se les iba a enseñar el idioma y las costumbres árabes. Pero no fue así. Talel Karawi su fundador, creía que este iba a ser el colegio de la comunidad, y que en torno a él se haría una mezquita, un club. La sorpresa es que después de fundado el colegio, nadie en la comunidad le dijo: “—Mira Talel, voy a apoyar, voy a meter a mis hijos, es un orgullo que haya un colegio que se llame el colombo árabe”. Nada de eso pasó. Los árabes aquí pasaron levemente por la historia como pasaron los alemanes, los franceses, las otras migraciones.

En Barranquilla, y en este país, ocurre algo muy particular y es que la gente aquí se mezcla muy rápidamente y se adapta al nuevo medio, abandonando su legado cultural. El trópico produce esa transformación que no ocurre en otros países latinoamericanos. Por estar en la línea del Ecuador, quizá, el trópico ha hecho que las personas no se aferren a sus raíces, sino que las dejen y asimilen la nueva cultura.

SKN: ¿Qué es lo más difícil o lo más doloroso de ser un colombo-árabe?

EY: Hace 60 años sí era difícil, hoy en día no creo que los colombo-árabes se sientan discriminados. Se han integrado totalmente a la cultura, a la ciudad, por lo que mencionaba antes. Pienso más bien en la falta de orientación cultural, del reencuentro con sus raíces de las nuevas generaciones. Si la “segunda oleada” no hizo nada, la “tercera” no tiene dónde fijar la cultura para transmitirla a la cuarta y quinta generaciones. Fuera de los apellidos y de la comida, aquí los árabes pasaron y no dejaron absolutamente nada fuera del desarrollo industrial y comercial. Lo cultural ha sido la parte débil de esta migración.

SKN: ¿Y lo más gratificante de ser colombo-árabe?

EY: Hombe, lo más gratificante es sentir que uno pertenece a dos mundos paralelos. Eso te da una perspectiva de ver las cosas desde dos puntos de vista, desde dos ópticas diferentes, de conocer dos idiosincrasias y dos culturas que aquí se han fusionado. Creo que se ha ganado libertad de pensamiento, que no se tenía con la primera y la segunda oleadas; esa posibilidad de hablar libremente sobre el mundo árabe. Antes se decían las cosas con temor, por miedo a ser discriminado. Hoy en día, Colombia ha sido uno de los pocos países en el mundo que ha abierto sus puertas no sólo a los árabes, sino a diversas culturas que se han integrado perfectamente gracias a la hospitalidad de los colombianos. Se están recogiendo esos frutos porque hay un gran número de descendientes colombo-árabes, que superan en esta ciudad los 30.000, pero todavía no se ha explotado el potencial de esta población. Se podría crear, por ejemplo, una cámara de comercio colombo-árabe con el fin de traer empresarios. Hay un mundo allá de más de 600 millones de personas que tienen poder adquisitivo y Colombia no ha aprovechado esta migración para crear nexos con el mundo árabe.

SKN: ¿Cómo le ha enseñado el amor por lo árabe a su descendencia?

EY: Eso lo ven en casa. Lo que uno les enseña son las buenas costumbres, el respeto a la familia, a los mayores, que son los pilares fundamentales. De resto, las costumbres, la comida, son cosas que ellos se van formando. Pero lo más importante es el respeto, la hospitalidad, que es muy de los árabes. Fuera de eso es muy poco lo que uno puede inculcar porque no existe siquiera una cátedra árabe, como hay en muchas universidades de Suramérica, donde uno pueda decirle a los hijos que vayan a hacer un curso de seis meses sobre la cultura árabe. Hoy en día viajar es más fácil viajar, en 14 horas estás en cualquier país árabe; además de internet, las comunicaciones, los periódicos. Hay más facilidades de tomar esta descendencia y culturizarla, devolverle el amor a sus raíces.

SKN: ¿Qué hay del museo de ciencias naturales que piensa donar?

EY: Como colombo-árabe pues yo creo que el mayor legado que voy a dejar aquí en Colombia va ser la colección más completa de moluscos, los caracoles del mar Caribe colombiano. Es una colección que voy a dejar al gobierno colombiano. También el libro que estoy aportando de 1.600 especies para Colombia de las cuales hay más de cien que son primeras especies que se encuentran en Colombia. Ya la colección la tengo registrada en el Instituto Humboldt en Bogotá.

Yo aquí en Barranquilla intenté crear un museo de ciencias naturales. Lo dejé en el zoológico y duró allá tres años. No se dieron las condiciones porque el zoológico no se vio interesado, pero era otra de mis ilusiones porque tengo mucho contacto con todos los museos del mundo y podían donarme muchos fósiles, caracol, de insectos para crear el primer museo de ciencias naturales en Barranquilla. Esa es una frustración, pero tengo esa colección guardada y espero que algún día, si se dan las condiciones, sea otro legado que pueda dejar yo como colombo-árabe a la ciudad de Barranquilla.

5 comentarios:

Artistalight dijo...

Mil felicidades por publicar algo tan interesante y bello cómo el trabajo que hace este artista sobre el nácar, me gustaría saber cómo quitarle la capa oscura que tienen las conchas por la parte afuera, gracias

safinatuneyat49 dijo...

AS SALAM ALAIKUM

HOLA SOY LA CALIFA MUSULMANA, TENGO 62 AÑOS , MUJER ABOGADA, FUI FISCAL ESPECIALIZADA , ME CASE Y ME SEPARE TENGO DOS HIJOS UNA HEMBRA Y UN VARON, ESTOY BUSCANDO UNA FAMILIA DE ORIGEN ESPAÑOL Y LIBANES ES EL MATRIMONIO, SON MIS PADRES PERO FUI EDUCADA POR OTROS, QUIERO SABER SI PUEDEN COLABORAR RETOMANDO HISTORIAS PERDIDAS O VIGENTES QUE AUN RELATEN LOS ABUELOS , UN ABRAZO

elkinjoan dijo...

me emociona profundamente las diversas historias encontradas en este blog, yo soy orgullosamente colombiano y al igual que muchos la magia y el misticismo de la cultura árabe me atrapo; esta entrevista me ha parecido sumamente importante y llena de sentimientos patrióticos....es para mí un placer enterarme que Colombia ha sido desde siempre un hogar prospero para todos, que ha acogido con benevolencia hermanos tan queridos, como lo son los árabes....desde aquí les agradezco de corazón por que uds también han contribuido a que el amarillo,azul y rojo de nuestra bandera se haya sublevado orgullosa ante el resto del mundo.. ekj_60488@hotmail.com

Shadya Karawi Name dijo...

Hola a todos. Muchísimas gracias por tomarse el tiempo para leer mis entrevistas y compartir sus pensamientos.

Artistalight, no sé con certeza de qué forma se puede quitar la capa oscura a las conchas. Quizás en internet puedas conseguir mayor información.

Safinatuneyat49, me gustaría conocer un poco más de tu historia. Si quieres, escribeme a mi email (shadyakarawiname@yahoo.com) y nos ponemos en contacto.

Elkinjoan,a mi me emociona que un compatriota se sienta tan tocado por la cultura árabe. Gracias por acompañarme en este blog y por honrar, con tus palabras, a todos esos árabes que lucharon por dejar un hermoso legado en nuestra amada Colombia.

Angel Caicedo dijo...

Señorita Shadya, dígale por favor al doctor Dacarett que no desfallezca, que esos proyectos son interesantes